sábado, 22 de agosto de 2009

Una gran Historia de Amor


Historias de Amor

Un romance marcado por la Guerra.


Esta historia es veridica, y sucedio en el frio paraje de una Rusia marcada por la catastrofe de la mas grande guerra que haya conocido el Hombre.

En plena segunda guerra mundial, un dia de agosto del año 1942, convencido de que el Ejército Rojo se halla al borde de la derrota, el arrogante Hitler ordena a sus ejércitos reanudar la ofensiva, haciendo caso omiso de la advertencia de sus mejores generales que le previenen que la derrota rusa es una mera ilusión, y que todo obedece a una retirada ordenada para ganar tiempo y reorganizarse.

Pero en nueva demostración de arrogancia, Hitler ordena traspasar el IV Panzer al Grupo de Ejércitos A, que deberá dirigirse hacia los ricos yacimientos petrolíferos del Cáucaso, mientras el VI Ejercito deberá girar hacia el norte y capturar Stalingrado, un objetivo sin el menor valor estratégico, y que se va a convertir en una lucha particular entre dos de los mayores criminales de la historia. Los cuales no dudaran en sacrificar la vida de la flor y nata de la juventud de sus respectivos países en aras de su propia egolatría.

En el bando soviético, Stalin no quiere ser menos que su enemigo y, dicta una orden tajante, “ni un paso atrás, Stalingrado no debe caer en manos alemanas”. El mermado LXII Ejercito de la Guardia, al mando del general Chuikov, será el encargado de defender la ciudad y convertirse a la vez en el cebo para el VI Ejército alemán.
La batalla por Stalingrado se convierte en la típica lucha callejera con el agravante del odio despiadado que ambos contendientes se profesan. Se lucha piso por piso, edificio por edifico, calle por calle. El LXII Ejercito logra ralentizar al máximo al VI Ejército, pero no detener su avance. Fuertemente mermado ya antes del inicio de la batalla, el LXII Ejercito necesita con urgencia los refuerzos que cada noche, en viejas y destartaladas barcazas cruzan el Volga para unirse a la lucha. En uno de esos destartalados barcos llegará a Stalingrado un, por aquel entonces, desconocido soldado. Su nombre Vassily Zaitzev.

Vassily era ya un experto tirador, y se alisto como parte de los francotiradores. Pero no sólo tenía una puntería formidable, además era un experto en el arte del camuflaje y el sigilo, amén de poseer una paciencia rayana en lo sobrehumano.
El carácter de la lucha en Stalingrado y las cualidades de Vassily pronto dieron sus frutos. El paciente tirador soviético se cobraba a diario la vida de muchos oficiales del VI Ejército. De ésta forma su fama comenzó a extenderse por toda Rusia, de Stalingrado a Leningrado, del Cáucaso a Moscú. Vassily se convirtió en el ejemplo a seguir, en el espejo en que debían mirarse todos aquellos que pudieran empujar un arma para defender a la Rodina (La madre Rusia). Cuando acabo con 100 enemigos fue condecorado con la Orden de Lenin, y recibió el encargo de General de Chuikov de adiestrar a más francotiradores. Fue en estos grupos de entrenamiento donde conocería a una menuda francotiradora, Tania Chernova.

Al igual que Zaitzev, Tania era una experta tiradora, pero carecía de su paciencia. Como todo combatiente ruso Tania ardía en deseos de conocer a Vassily. Y la oportunidad le llego cuando le comunicaron que pasaría a formar parte de uno de los grupos dirigidos por el celebérrimo francotirador.

Tania describe su encuentro con Vassily de forma parca y escueta. “Lo primero que me atrajo de él, fue su mirada y su porte no exento de cierta arrogancia”, comentaría años después. Sea como fuere, Tania y Vassily se sintieron atraídos mutuamente. Y en medio de aquella bacanal de sangre, destrucción y odio, surgió un idilio entre ellos. –“Todo a nuestro alrededor era destrucción y muerte. Aprovechábamos cualquier momento que estuviésemos solos, en especial las noches; pues nunca sabias si al día siguiente continuarías con vida. No podíamos permitirnos el lujo de desperdiciar cualquier momento por breve que fuera. La tensión y el calor de la batalla te iban minando los nervios. Sin aquellos breves, pero intensos períodos, pienso que no hubiéramos sobrevivido a aquel infierno”. De esta manera tan clara describe resume Tania su idilio. Un idilio fruto del amor sí, pero también de la necesidad y de la cercanía del calor humano en aquellas terribles jornadas.

Vassily puso a Tania al frente de un grupo de francotiradores cuya base se encontraba en un derruido edificio de ladrillos cerca de la fábrica de tractores Octubre Rojo. Durante horas, Tania y sus hombres apuntaban con sus miras al corazón y la cabeza de los soldados enemigos, pero Vassily había sido tajante, no debían disparar mientras él no lo ordenará. A Tania esa orden la sacaba de quicio, no podía soportar que por obedecer aquella orden se le escaparan muchos enemigos. Consumida por la impaciencia y la inquietud, Tania ordenó a su grupo abrir fuego sin esperar la orden de Vassily. El resultado fue 17 soldados alemanes abatidos. Pero al disparar el grupo había revelado su posición al enemigo, un pecado inconfesable para un tirador. Tania comenzó a felicitar a sus compañeros, sin percatarse que un grupo de soldados alemanes pertrechados con morteros y conocedores de su posición se acercaban con sigilo. Al cabo de unos minutos una sucesión de disparos de mortero aplasto el edificio donde se encontraban los rusos. Tania logro escapar con vida, y corrió a decir a Zaitzev lo que había ocurrido. Cuando oyó el relato de Tania, Vassily la abofeteo sin piedad, acusándola de la muerte de sus compañeros. Sorprendida por la reacción de su amante y afligida por su culpabilidad, Tania lloró amargamente durante horas.

El incidente entre ambos no paso a mayores, y Vassily y Tania continuaron siendo amantes. Días después en un intento de incursión en el Cuartel General Alemán, Vassily perdería el contacto con Tania. Tania y su nuevo grupo no aparecían y fueron dados por muertos tiempo después.

Entretanto parece ser que tuvo lugar un enfrentamiento entre Vassily y un supertirador alemán llamado ex profeso para matarlo, el mayor Heinz Thorvald. Si dicho duelo tuvo lugar y terminó con la victoria de Zaitzev y la muerte de Thorvald es algo que no ésta suficientemente documentado, ni existen pruebas fidedignas de que tal hecho fuese cierto. Algunos historiadores lo atribuyen a la propaganda soviética para mantener alta la moral de sus soldados, mientras otros aseguran que el duelo existió en la realidad. Zaitzev nunca desmintió el hecho, pero la conocida actitud de las autoridades soviéticas hacía quien les pusiera en entredicho nos hace no fiarnos de su palabra.

Mientras el grupo de Tania había sido víctima de un ataque. Con muchas bajas, entre ellas la de la propia Tania que fue gravemente herida, el grupo consiguió alcanzar las líneas rusas. Tania fue ingresada en un hospital situado más allá del Volga. Allí recibió la noticia de que Vassily había caído en Stalingrado victima de las balas teutonas. Tania que se estaba recuperando a pasos agigantados a pesar de haber sido advertida por los médicos de que no podría tener hijos a causa de las lesiones, cayó en una fuerte depresión, y su mejoría se ralentizo de forma alarmante. Pero los médicos del centro consiguieron recuperar por completo a la joven. La verdad es que la noticia era del todo errónea. Vassily no estaba muerto, sino solamente herido, una herida que la había dejado temporalmente ciego. Mientras Vassily era trasladado a un hospital lejos del frente, al cual volvería semana más tarde y, Tania lloraba amargamente su imaginaria muerte en otro hospital; dos nuevos Grupo de Ejércitos soviéticos, con tropas frescas, bien pertrechadas y con una ingente cantidad de carros, artillería y aviación, atacaron ambos flancos del VI Ejército. Quince días más tarde las dos mandíbulas de la pinza soviética se cerraban en Kalach, a unos 100 Km al sur de Stalingrado. El VI Ejercito estaba cercado.

Tania y Vassily continuaron pensando que el otro estaba muerto. Sólo años después del final de la guerra ambos supieron la verdad. Para entonces Vassily residía como ingeniero en Kiev, estaba casado y tenía dos hijos.

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